los espíritus de la naturaleza y las ciudades

Durante algún tiempo, daba la sensación de que los espíritus naturales habían desaparecido de los entornos urbanos, aunque suene increíble hoy en día que se pensara tal cosa. Esto hay quien cree que ocurrió por la evolución de una serie de ideas que se difundieron con rapidez durante estos pocos años, y es probable que esto influyese, pero lo que hoy sabemos, gracias a los trabajos de Verena Staël von Hölstein sobre todo, es que ciertas dinámicas que surgieron ya hace tiempo llegaron a un punto durante esos años en algunas grandes urbes, sobre todo en las de occidente, que hicieron que disminuyeran, no el número de seres espirituales, sino, por decirlo de alguna manera, su trabajo, si se le puede llamar trabajo a la sombra que produce un gran árbol durante el calor sofocante del verano, y esto llevó a que se creara esa corriente de pensamiento que consideraba que los seres naturales, los espíritus de la naturaleza, se habían retirado de las ciudades. Lo cierto es que la disminución de la influencia que la presencia de estos seres produce llevó a mucha gente a sentir su entorno urbano desalmado, llegando a a casos extremos en los que esta situación, sumada al temor que las ideas que se iban difundiendo a la vez que esas costumbres hostiles a estos seres, produjo situaciones de pánico en la relación de algunas personas con ciertos objetos, y con lugares concretos. Sin embargo, por lo poco que sabemos, ya que es una cuestión de difícil estudio todo lo relativo a estos seres, sólo accesible a través de observaciones sutiles y durante muchos años, o a través de una iluminación, estos movimientos también se producen en el campo de vez en cuando, y forman partes de procesos, parecidos a catarsis revolucionarias de regeneración y quizás, o yo por lo menos así lo creo, de ordenación, ya que estos seres se comportan en base a una jerarquía muy concreta que es difícil, o prácticamente imposible de entender de una manera racional.

                                                                                             texto de la foto de B. Ortoneda